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Almas gemelas!!!

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Llama tanto la atención de las almas gemelas, me pregunto si será porque nos enseñaron a buscar nuestra otra mitad, sin decirnos que vinimos enteros, que no existe nuestra media naranja sino otro ser (entero) que vibra con la misma intensidad que nosotros. Cuando hablamos de un alma gemela, no podemos hablar de consciencia, se trata sin duda de sensaciones y emociones que van mucho más allá, que pertenecen a la intuición.

Cuando conoces a una persona sabes inmediatamente si se trata de alguien cuya alma se ha cruzado con la tuya. Si es el caso, sientes que ya conoces a esta persona, sientes que es algo que ya has vivido. Es que cuando nuestra alma reencarna, todo lo vivido parece haber desaparecido y en realidad todo esto se encuentra escondido en las profundidades de nuestro ser y viene cuando lo necesitamos expresado a través de la intuición y de esa determinación sin razón que te hace sentirte bien con ciertas personas y mal con otras desde el comienzo. Cuando dos almas se aman y se han prometido amor eterno, no hay nada que pueda separarlas. Si quieres saber si has encontrado a tu alma gemela, la mejor manera de describir la sensación es como una cercanía que solo se consigue luego de muchos años y que en este caso sucede en un instante. Un deseo irresistible debe llenar tu espíritu, es una evidencia que simplemente salta a los ojos. No hay nada que decir, solo debes dejarte llevar por la magia.Cuando mires a los ojos a otra persona, a cualquiera, y veas tu propia alma reflejada, entonces sabrás que has alcanzado otro nivel de conciencia. Pero, ahora viene lo malo o la realidad, como quieras llamarlo, si una de las dos almas está menos desarrollada que la otra, la violencia, la codicia, los celos, el odio y el miedo pueden enturbiar la relación. Tales sentimientos son nocivos hasta para el alma más evolucionada, aunque se trate de un alma gemela. Podemos fantasear con: “ puedo cambiarlo/a” o “puedo ayudarlo/a a crecer”, pero la realidad es que si la otra persona no deja que la ayudemos, si ha decidido que no quiere aprender ni evolucionar, la relación esta condenada al fracaso. A veces se producen estos despertares tardíos.En algunos casos las almas gemelas deciden no casarse mientras están encarnadas. Se las componen para encontrarse, permanecen juntas hasta que cumplen el pacto acordado y después siguen su camino. Sus intereses y los planes que tienen para el resto de su vida son diferentes y no quieren ni necesitan pasar una vida entera juntas. Esto no es una tragedia, sino una simple cuestión de aprendizaje: tienen por delante una vida eterna juntas, pero a veces es posible que necesiten tomar unas clases por separado. Encontrar a nuestras almas gemelas no debe convertirse en motivo de preocupación. Tales encuentros están a merced del destino y sin lugar a dudas se producen. Después del encuentro, prevalece el libre albedrío de ambas personas. Las decisiones que se toman y las que se descartan quedan en manos de nuestra voluntad, de nuestra propia elección. El alma mas adormecida tomara decisiones basándose en la mente y en todos sus miedos y prejuicios. Comparto una parte del libro de Brian Weiss “Almas gemelas"... Hay alguien especial para cada uno de nosotros. A menudo, nos están destinados dos, tres y hasta cuatro seres. Pertenecen a distintas generaciones y viajan a través de los mares, del tiempo y de las inmensidades celestiales para encontrarse de nuevo con nosotros. Proceden del otro lado, del cielo. Su aspecto es diferente, pero nuestro corazón los reconoce, porque los ha amado en los desiertos de Egipto iluminados por la luna. Y en las antiguas llanuras de Mongolia. Con ellos hemos cabalgado en remotos ejércitos de guerreros y convivido en las cuevas cubiertas de arena de la Antigüedad. Estamos unidos a ellos por los vínculos de la eternidad y nunca nos abandonarán. Es posible que nuestra mente diga: «Yo no te conozco.» Pero el corazón sí le conoce. Él o ella nos toman de la mano por primera vez y el recuerdo de ese contacto trasciende el tiempo y sacude cada uno de los átomos de nuestro ser. Nos miran a los ojos y vemos a un alma gemela a través de los siglos. El corazón nos da un vuelco. Se nos pone la piel de gallina. En ese momento todo lo demás pierde importancia. Puede que no nos reconozcan a pesar de que finalmente nos hayamos encontrado otra vez. Aunque nosotros sí sepamos quiénes son. Sentimos el vínculo que nos une. También intuimos las posibilidades, el futuro. En cambio, él o ella no lo ven. Sus temores, su intelecto y sus problemas forman un velo que cubre los ojos de su corazón, y no nos permite que se lo retiremos. Sufrimos y nos lamentamos mientras el individuo en cuestión sigue su camino. Tal es la fragilidad del destino. La pasión que surge del mutuo reconocimiento supera la intensidad de cualquier erupción volcánica, y se libera una tremenda energía. Podemos reconocer a nuestra alma gemela de un modo inmediato. Nos invade de repente un sentimiento de familiaridad, sentimos que ya conocemos profundamente a esta persona, A un nivel que rebasa los límites de la conciencia, con una profundidad que normalmente está reservada para los miembros más íntimos de la familia. O incluso más profundamente. De una forma intuitiva, sabemos qué decir y cuál será su reacción. Sentimos una seguridad y una confianza enormes, que no se adquieren en días, semanas o meses. Pero el reconocimiento se da casi siempre de un modo lento y sutil. La conciencia se ilumina a medida que el velo se va descorriendo. No todo el mundo está preparado para percatarse al instante. Hay que esperar el momento adecuado, y la persona que se da cuenta primero tiene que ser paciente. Gracias a una mirada, un sueño, un recuerdo o un sentimiento podemos llegar a reconocer a un alma gemela. Sus manos nos rozan o sus labios nos besan, y nuestra alma recobra vida súbitamente. El contacto que nos despierta tal vez sea el de un hijo, hermano, pariente o amigo íntimo. O puede tratarse de nuestro ser amado que, a través de los siglos; llega a nosotros y nos besa de nuevo para recordarnos que permaneceremos siempre juntos, hasta la eternidad. NAMASTE Alejandra Giammarino.

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